Un arrebato de amor…

1714 nat“Cuando empiezo toda enamorada de María, en este arrebato de amor, es ella quién me lleva a Jesús; y entonces nuestro coloquio pasa a ser entre los tres. Nunca puede estar la Madre sin el Hijo. Y, como el Padre está en el Hijo, y toda la Augusta Trinidad mora en el alma en gracia, vienen enseguida el Padre y el Espíritu Santo a ocupar mi alma, mi pensamiento, mi corazón, entablándose entre las tres Divinas Personas una respetuosa y amable familiaridad.”

Experiencias Espirituales, f. 454.

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