Recuerdos de la infancia para conocer a Dios…

671 ja04^054“¡Oh Señor! Bastante me han enseñado a conocerte desde mi tierna infancia, cuando muy pequeñita, sentada en las rodillas maternas, mis labios apenas sabían balbucir, ya querían repetir el: Padre nuestro que estás en los cielos. Esos mismos padres tan cristianos que tu me diste, con los ru­dimentos de la doctrina cristiana me enseñaron a amarte; a amar lo bueno y a aborrecer lo malo. Me enseñaron en fin a conocerte”.

Ejercicios Espirituales de 1933.

La lectura espiritual…

“La lectura de esta mañana vino a traer inmenso consuelo a mi alma: «Para no perder la presencia de Dios basta una simple mirada de amor, y sentir allí al Señor aunque no se pueda platicarle»; esto he hecho siempre yo”.

Cinco Esquelitas, f. 445.

Dar gusto al mundo…

“«Vino Juan que casi no come ni bebe, y dicen: está poseído del demonio. Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: he aquí un glotón y un vinoso, amigo de publicanos y gentes de mala vida». ¿Quién puede dar gusto al mundo? Ni siquiera el santo por esencia; ni el más grande de los profetas pudieron contentarlo”.

Estudio sobre la Regla y el Evangelio, f. 678

 

Llenarse de Dios…

“Una persona parlanchina no se puede llenar de Dios, porque ya está su corazón lleno de criaturas”.

Carta colectiva de septiembre de 1978, f. 4376

 

Apreciar el valor de la oración…

“¿Quién será el hambriento que, junto a una mesa espléndidamente servida e invitado por el dueño a comer lo que guste no lo haga?… nos morimos de sed y de hambre, solamente por flojera, por no hacer nuestra oración”.

Carta Colectiva de marzo de 1960.