El ángel de la guarda…

“No tenemos más que abrir la boca, más bien dicho el corazón, para que los bienes anhelados desciendan del cielo a nosotros. Pero muchas veces se hace Dios del rogar por un tiempo, y aun años (que al fin a él no le corre el tiempo), aunque desde el primer momento en que nuestra oración le fue presentada por nuestro ángel, la haya despachado favorablemente”.

Estudio sobre la Regla y el Evangelio f. 664

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