Las cosas duras de la vida…

2018 María Inés Teresa  ESPECIAL.jpg“Impregnando mi alma de los sentimientos que en ella produzca la consideración de la Pasión de Cristo me pregunto: ¿Qué cosa en la vida podrá parecerme dura? ¿Qué humillación, que desprecio, que desolación, podrá parecerme grande, si la comparo a las humillaciones de Jesús, a sus deshonras, a sus afrentas, a sus desolaciones, a sus abandonos?”

Ejercicios Espirituales de 1941.

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Experimentar la divina misericordia…

Sencilla para darle número.jpg“Siento en el fondo de mi ser, tu inmensa misericordia”.

Pensamientos.

Decidirse a empezar…

1972-maria-ines-teresa-12“Empezar con bríos, con sinceridad, sin desalientos en vista a las caídas, con entera generosidad; que Dios no se dejará vencer en ella. Producir un esfuerzo creciente y sostenerlo por el resorte moral de un sentimiento”.

Ejercicios Espirituales de 1941.

Ser el amor…

1757 Nuestra Madre y Santa Teresita“Quiero hacer mías las palabras de tu virgen santa Teresita; «¡En el corazón de mi Madre la Iglesia, yo seré el amor!».

Ejercicios Espirituales de 1950.

El nombre de Jesús y la misión…

1648 Diapositiva1 3“¡Ah Señor! yo sé que tú nunca inspiras a una alma deseos irrealizables; yo sé, porque tu así lo has prometido, que nada niegas a la oración humilde y confiada; yo sé que el Padre concede todo lo que se le pide en nombre de su divino Hijo; yo sé que el Espíritu Santo es el que inspira en mi alma todo sentimiento bueno, y que sin su concurso, no pueden mis labios pronunciar debidamente el nombre de Jesús”.

Ejercicios Espirituales de 1933, f. 774.

Amor misionero…

1629 IMG_1516“Que te ame como mereces ser amado: que viva penetrado constantemente de estos dulces sentimientos y que, mi vida al difundirse por la comunicación necesaria con las almas que has puesto a mi cuidado, te irradie con amor inefable! ¡Dios mío, creo en tu amor infinito por mí!”

Ejercicios Espirituales de 1950.

Cuando se ora con lágrimas…

1243 IMG_2012“Qué dulce, qué tranquila, qué efusiva, qué filialmente audaz y qué humilde es mi oración, cuando mi alma ha pasado por una humillación merecida o inmerecida. Me sucede entonces llorar a raudales, no por despecho, sino por amor, por contrición; son lágrimas que refrigeran, que purifican, que me llevan a mi Dios, pues él en su corazón las recibe.

Ejercicios Espirituales de 1936.