El mejor alimento…

2108 En la Clausura.jpg“Haré de la oración mi más regalado alimento, sacando de ella las medidas que debo tomar para corregirme de mis defectos, perfeccionarme y santificarme; saboreando los misterios de Dios, deleitándome en sus atributos y gozándome inmensamente de ser su criatura”.

Ejercicios espirituales de 1943, f. 863.

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Transformación en Cristo…

2100 Lee.jpg“La Luz increada, la suprema verdad, el esplendor del Padre, iluminando -aquellas tinieblas, en donde no se encontraba más que el caos, el vacío, transforma al alma de tal manera que, al desaparecer con ella las tinieblas, de terrena, se torna en celestial; de frívola, generosa; de inconsciente reflexiva”.

Estudios y meditaciones, f. 600.

Por amor…

2019 IMG_4399.PNG“Todo es nada comparado con lo que mi Maestro sufrió por mí; entonces yo, por amor a Él, aceptaré con alegría todo lo que me venga de penoso, de doloroso; y más aún, iré a buscarlo como Nuestro Señor fue al encuentro del traidor de Judas”.

Ejercicios Espirituales de 1941.

Confiar en el Señor…

2011 2016-11-11 a las 8.24.30 PM.png“Tu alma es un erial, solo cubierto de malezas; pero confía que Él puede transformarlo en un hermoso jardín”.

Lira del Corazón, Primera Parte, Cap. VI.

Una estación difusora de la gracia…

1924 Calilla“Me parecen a mí los conventos en que las almas son plenamente contemplativas, y se esfuerzan por vivir cada vez más unidas a Dios, una estación difusora, desde donde se difunde a todos los radios, a todas las almas, la acción de la gracia, única necesaria, para obtener las transformaciones anheladas”.

Ejercicios Espirituales de 1941.

Transformarse en amor…

“Quiero transformarme en tu amor, quiero vivir de amor, quiero morir de amor, en un acto de suprema y perfecta contrición”.

Ejercicios espirituales de 1943.

Nuestra transformación en Cristo…

1065 misionera-de-esperanza018“Trabajemos incansablemente por nuestra transformación, la transformación de nosotros mismos, de cada uno de nosotros, en Cristo Jesús. Así daremos a Dios toda la gloria que Él tiene derecho a esperar; así le salvaremos muchas almas; así seremos el consuelo de nuestra Madre la Santa Iglesia”.

Carta a las religiosas Misioneras Clarisas de la comunidad de Puebla, el 18 de julio de 1951.