Dos amores…

2179 Dos amores.png“La Eucaristía y María, María y la Eucaristía, estos dos amores fundidos en uno, es el centro donde gravita mi alma”.

Ejercicios Espirituales de 1936, p.361, fol.788.

 

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Los ideales…

1750 Diapositiva36“¿Y mis ideales? se los llevo a Jesús, son sus propios intereses, y con él me lamento y gimo de no ser santa, para poderle salvar muchas, todas las almas”.

Ejercicios Espirituales de 1936.

Las humillaciones…

1695 Captura de pantalla 2015-12-12 a las 2.37.14 p.m.“Cuanto más me siento sumergida en ese baño de humillación, con más deleite respira mi alma en ese ambiente de la propia abyección y mas acreedora me siento a la sangre de Jesús, a los cuidados de mi celestial Madre, a las ternuras de mi Padre celestial y a las luces y efusiones del Espíritu Santo”.

Ejercicios Espirituales de 1936.

El perdón de Dios…

1646 kiko“Cómo se siente el alma henchida de gozo, cuando se ve ser objeto de las miradas de un Dios todo misericordia, aumentando este gozo, amor y gratitud cuando tales caricias y regalos, vemos que son el desquite de Jesús cuando le hemos cometido alguna falta, pero que arrepentidos y amorosos nos hemos arrojado en sus brazos en demanda de perdón”.

Ejercicios Espirituales de 1936.

Jesús Amigo…

1639 Martha Sup Gral“Gracias Jesús mío infinitas porque te quedaste con nosotros, en la Eucaristía como el amigo de Betania, y en la santa Misa como víctima; te adoro y te amo con todas las fuerzas de mi corazón”.

Ejercicios Espirituales de 1936.

Confiar inmensamente en Dios…

1560_1272 (1)“En ese profundo abatimiento, en ese conocimiento íntimo de mi inmensa miseria, que muchas veces por sí sola sería capaz de anonadarme hasta la desesperación, nace, se levanta poderoso el sentimiento de inmensa confianza en ese Dios infinito, en cuya hoguera de amor, se evaporan, consumiéndose, como pequeña gota de agua, los fardos de nuestras iniquidades”.

Ejercicios Espirituales de 1936.

Lágrimas que brotan de la oración…

1462 Beata María Inés orando por el mundo“Qué dulce, qué tranquila, qué efusiva, qué filialmente audaz y qué humilde es mi oración, cuando mi alma ha pasado por una humillación merecida o inmerecida. Me sucede entonces llorar a raudales, no por despecho, sino por amor, por contrición; son lágrimas que refrigeran, que purifican, que me llevan a mi Dios, pues él en su corazón las recibe”.

Ejercicios Espirituales de 1936.