Preparar la llegada de Jesús a los corazones…

1671 En camino“¡Qué hermoso es ser enviados con los enviados de Dios; ser coadjutores de los que han recibido toda potestad para distribuir y administrar a aquellos que van creyendo en Cristo, tocando a nosotros, la parte bellísima de preparar esos corazones que deberán ser templos del Espíritu Santo, morada de la Santísima Trinidad, tabernáculo de Jesús Eucaristía, encanto y delicia de la Madre de Dios!”

Lira del Corazón, p.198.

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Venga a nosotros tu Reino, Señor…

1665 Advent 566“Que venga a nosotros, a lo íntimo de nuestro corazón, el Reino de Dios, por la intimidad con él, por la práctica de las virtudes, por nuestra caridad con el prójimo y que este Reino se extienda a las almas todas, especialmente a aquellas desgraciadas que hasta ahora no han tenido la dicha de conocer el nombre de Dios y por lo mismo, que no gozan de los bienes prometidos a sus hijos”.

Estudios y meditaciones.

Llegará la hora de Dios…

1308 Con María 664059“Ya llegará la hora de Dios, y ésta será maravillosa. Ahora parece que en el mundo entero se están cumpliendo las profecías de la Santísima Virgen en Fátima. Pidamos mucho, y sobre todo obremos en consonancia con lo que deseamos ser”.

Carta colectiva desde Roma, en enero de 1970.

Jesús viene…

1303 Adviento“No temamos, Jesús, nuestro divino Salvador estará siempre con nosotros y él será nuestro sostén y ayuda en todas partes.”

Carta desde Roma, Junio 6 de 1973.

941 Jesús Niño“Cuántas lecciones podemos aprender al meditar en el nacimiento de Cristo, cuántas cosas debemos imitar de él, y esto no piensen que es para las religiosas y sacerdortes, no, es para todos”.

Carta a los Vanclaristas de California el 7 de diciembre de 1971.

Una espera gozosa…

940A Belén“Que ahora que lo esperamos gozosos en su nacimiento, nos decidamos a ser como él, pobres de corazón, abnegados, sufridos, callados, amantes de la oración y de la paz”.

Carta colectiva de Diciembre 19, 1968, f. 3788.

María, la Madre de Dios…

586 Nuestra Madre y la Virgen de la Promesa anacrónico

La misma escogida para ser la Madre de Dios, se sorprende al escuchar de labios del ángel, la embajada divina. Pero a ella, que ya esperaba la venida del Mesías, lo que la sorprende es: que sea precisamente ella en quien el Altísimo haya puesto sus ojos. ¡Ella que sólo deseaba ser la sierva de la Madre del Señor!

Lo que me dice el cuadro de la Anunciación, f. 615.