Crecer…

1903 Hora“Si Jesús iba creciendo en sabiduría, edad y gracias delante de Dios y de los hombres, como nos dice el Santo Evangelio… ¡Cómo debería yo crecer, progresar de virtud en virtud para parecerme a mi Divino Modelo!

Ejercicios Espirituales de 1941.

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El sabor de la humillación…

1898 María Inés Teresa  Sierra“Que sabrosa y dulce me sabe la humillación de sentirme criatura, nada, miseria, polvo, ceniza, EL NO SER; y gloriarme EN EL QUE ES, en la fuente de toda Sabiduría, de toda santidad, de toda pureza, en ese mar sin fondo de misericordia, de amor, de bondad, de ternura”.

Ejercicios Espirituales de 1943.

La Palabra Divina…

1726 IMG_0200 (2)“Escuchando la palabra divina, penetrándose de ella, gustándola, rumiándola por el don de Sabiduría, viene el alma a despojarse del hombre viejo y a revestirse del nuevo, a hacer suyos los conceptos del Maestro, a apropiarse su lenguaje, sus sentimientos, sus modales. Llega a poder decir como san Pablo: «No soy yo quien vivo; es Cristo quien vive en mí».”

Estudios y meditaciones, f. 706.

Las armas de la oración y el sacrificio…

1641 En el Campanario“¡Porque he confiado en tu poder, Sabiduría Encarnada! se lanza mi ignorancia a la conquista de las almas, empuñando, más que las armas del saber humano, las de la oración y el sacrificio”.

Lira del Corazón, p. 201.

Infancia espiritual y vida de Nazareth…

“Infanci1288 IMG_0566 2a espiritual, vida de Nazareth, sabiduría del pobre, entrega amorosa en manos de Dios nacida de esa íntima confianza en él, llena de esperanza y amor, porque él es amor, y porque sabemos en quien nos confiamos, dando así Gloria al Señor”.

Consejos y reflexiones.

Inefable dicha…

1158 Ella rezaba con fe“Hice la lectura a la comunidad; desde las primeras líneas mi alma se abismó en ese misterio de misterios: el amor de Dios. Dulcísima comprensión. ¡Inefable dicha! ¡Amor de Dios a sus criaturas; a mí especialmente! ¡Cómo lo he saboreado, cómo invadió mi alma!.”

Ejercicios Espirituales de 1962.

Aprender de los libros…

1157 Leyendo siempre“Desde muy recién mi conversión, en un pequeñito libro, pero lleno de sabiduría que cayó en mis manos, «El abandono de sí mismo en la Providencia divina» aprendió mi alma, con la ayuda divina, a abandonarse totalmente y sin reservas a su divino amor, a recibir y aceptar todo lo que viniera, no sólo sin quejas, sino con positivo amor, con alegría llena de paz”.

Notas Intimas sin fecha, f. 915