Armonía y unión de corazones…

855 IMG_20130903_111107_928.jpg“Me alegra muchísimo saber la armonía en que trabajan, la unión de corazones en que viven, y como se van turnando para los propios quehaceres. No olvidemos hijos que la unión hace la fuerza, y que de esa unión, de ese amor a nuestro Señor en que realice cada una sus ocupaciones, va a depender en logro de muchas y buenas vocaciones”.

Carta a unas hermanas, Roma, 25 de febrero de 1974.

Tener misericordia y no juzgar…

1995 IMG_2699.jpg“No despreciemos, tengamos misericordia; pero hijos, por lo que más amen en el mundo, más aún por su Dios, NO JUZGUEN A SUS MAYORES ni siquiera de pensamiento; ¡le hiere tanto a Él, y mancharán tanto su alma!”.

Carta colectiva de mayo 6 de 1958.

Los cambios hacen mucho bien…

1114 Mundo“Me dice alguien: «Tenía apego a mi oficina». ¡Es tan propio del corazón humano apegarse! ¡A las veces parece de chicle! Por eso nuestro Señor nos proporciona los cambios, nos hacen muy bien por muchos conceptos; uno de ellos es para poder desarrollar en otro campo algún otro apostolado, al que quizá yo no creía tener habilidad. Y cuando me encuentro en él, qué agradable sorpresa es la mía, cuando compruebo que pude y bien”.

Carta colectiva del 9 de mayo de 1964.

Cuidado con el egoísmo que acaba con la alegría…

1027 IMG_0436“Que esta alegría proceda siempre del interior, de la unión con Dios, de la entrega sin reservas, del «SÍ» decidido que le demos a todas sus divinas voluntades; que no desaparezca jamás el precioso don, concedido por el Señor, de la correspondencia y generosidad mutuas, de ese ayudarse recíprocamente, no permitiendo que el egoísmo aparezca, ya que, si éste llegara a existir, arruinaría la armonía, la paz, la unión, secando en su base, la fuente de la alegría”.}

Carta colectiva del 27 de enero de 1973.

Armonía…

852 la foto (18)“Toda obra de Dios cuesta sacrificio, no nos imaginemos que  es poesía lo que simplemente es prosa… pero si sabemos rimar esa prosa con la armonía dulcísima de nuestro amor a Dios, de nuestro anhelo de salvar almas para el cielo, encontraremos una santisfacción tan honda y tan pura, y tan desinteresada, que hará la alegría perenne de nuestra vida en el tiempo y en la eternidad”.

Carta a las Misioneras Clarisas de Indonesia el 3 de marzo de 1962.