Apreciar el valor de la oración…

“¿Quién será el hambriento que, junto a una mesa espléndidamente servida e invitado por el dueño a comer lo que guste no lo haga?… nos morimos de sed y de hambre, solamente por flojera, por no hacer nuestra oración”.

Carta Colectiva de marzo de 1960.

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